sábado 27 de junio de 2009

Deseos

La gente suele pedir deseos en San Juan. Sin embargo yo este año que estoy en la tierra das meigas no he pedido ni un sólo deseo. No ha sido por ir a contracorriente o a contracultura, simplemente no me ha salido.

Últimamente tengo una manía bastante tonta. Le pido deseos a la luna llena. En esas noches siento como que algo me llama a asomarme a la ventana o alzar la vista al cielo, y allí está, enigmática, cautivadora, embrujada eternamente por la noche. Una luna llena.

No sé porqué le pido deseos. No sé quién me dijo que se los pidiera a ella.

Algunos se han cumplido...

sábado 30 de mayo de 2009

Emilio. Capítulo 4

Cómo Emilio se llamó Emilio



Antes de seguir contando las andanzas de mi cerdo, es menester que os cuente porqué razón le pusimos Emilio a un animal rosado, de cuatro patas, omnívoro y propenso a revolcarse en su propia mierda.



Todo viene en parte porque el gorrino tenía unos ojitos redondos muy tiernos, como muy dulces, así como los de Emilio Aragón. Además demostraba cierta insistencia en correr hacia una pila de neumáticos viejos que mi vecino tenía almacenados junto a nuestra casa, y se liaba a mordisquearlos. Sospechamos que pensaba que era queso, porque a los dos bocados lo dejaba. Esto nos hacía pensar en cierto grado de miopía.



La razón última, sin duda, fue la relación intelectual que empezó a establecer con un ratón aficionada a montar en bici del que todavía no conocemos sus orígenes.



Como él, tan machote, no consintió que le llamásemos Susanita por eso de que tenía un ratón, pensamos que le podríamos poner Emilio: ojos redondo, gafas y tenía un ratón... ¡estaba a huevo!

En próximos capítulos contaré las conversaciones entre Emilio y el ratón y cómo ambos intentaron ayudar a la cabra cautiva.

viernes 29 de mayo de 2009

Sentir frío

Todos hemos sentido frío alguna vez. Sobre todo los que vivimos en lugares donde el clima es juguetón. Vamos, toda la Península Ibérica. Cuando sentimos este frío y nos pilla desabrigados, nos encogemos, cruzamos los brazos intentanto calentarnos con el calor de nuestro propio cuerpo.

A veces, también, sentimos frío en el alma. Es una sensación difícil de explicar pero que estoy segura de que muchos la han sentido. Principalmente ocurre cuando dejas de ser tú. Cuando dejas de lado tu forma de actuar, tus valores, tus propios sentimientos, tus inquietudes. A lo mejor lo has hecho porque querías encajar en el grupo. Porque por una vez, no querías ser el bicho raro. Pero cuando ya estás dentro y formas parte de ese grupo, sientes mucho frío.

Notas la ausencia de tu propia esencia. Y miras a tu alrededor y todo te parece superficial y de plástico. Tus palabras empiezan a sonarte huecas y te das cuentas de que no eres realmente tú quien habla. Te sientes perdido y anhelando el calor que le proporcionaba a tu corazón esa forma que es tan tuya de ser, hablar, sentir y actuar.

Y te callas. Y te sumerges en ti otra vez, buscándote entre tus rincones, allí donde tú misma te tiraste. Te sumerges en el silencio, aquel que dejaste de escuchar. Y vuelves, poco a poco, a sentirte, a calentar a tu corazón helado, a ser tú mismo el dueño de tus sonrisas y tus lágrimas.

Te conviertes en un ermitaño dentro de ti mismo.

martes 28 de abril de 2009

Nada que decir

No tengo nada que decir, porque con esta frase lo estoy diciendo todo.
No tengo nada que decir, o tal vez, tengo mucho que callar.
Miro a mi alrededor y todos hablan, y precisamente hablan aquellos que menos tienen que decir.

"Tengo que decir que estoy robando pan, porque no tengo dinero por no tener trabajo y tengo hambre", dijo un hombre dignamente a la salida de un supermercado.
"No tengo nada que decir, por eso prometo que vamos a crear empleo, vamos a aumentar las prestaciones sociales", dijo un político ante los periodistas.

Al hombre que robó pan lo detuvo el de seguridad y le quitó el pan y lo echó a la calle a patadas, intentando pisotear su orgullo y su dignidad como castigo ante semejante delito.
Al político le aplaudieron, y lo felicitaron, y le sacaron fotografías en pose triunfante, y tras eso se fue a su casa, grande reconfortable, donde tiene una panera llena de pan.

Si dices algo, te quedas con hambre.
Si hablas sin tener nada que decir, no te faltarán el pan en la mesa.

jueves 23 de abril de 2009

Nacionalismos



No sabía lo que era exactamente un nacionalismo hasta que llegué a Galicia. No voy a despotricar contra los gallegos, al contrario, si algo puedo decir de este pueblo es lo bien que acoge a la gente, su hospitalidad y su humildad.


Aquí me he encontrado de frente con gente de mi misma nacionalidad que no hablan mi mismo idioma. Hablan gallego. ¿Me fastidia? Por lo general no, porque suelen ser respetuosos. En las clases, al menos mi experiencia ha sido así, los profesores hablan castellano si saben que hay alumnos de fuera de Galicia o España. Y la gente que he conocido me pregunta si los entiendo, incluso se disculpan y me dicen que hablan en gallego porque tienen la costumbre. Quizá no me importe porque aunque hablan en su idioma los entiendo. El gallego y el castellano se parecen una barbaridad.


Ahora bien, no estaba acostumbrada a tratar con gente que quiere la independencia de esta región, que proclaman una colonización española sobre Galicia, en definitiva, que para ellos soy una "extranjera".


Algunos me hablan de su nacionalismo, de sus raíces y de las injusticias a las que este pueblo ha sido sometido quizás ignorando que Andalucía también ha sido un pueblo oprimido, humillado e incluso ultrajado. ¿Acaso no han robado las señas de identidad andaluzas y las han dilapidado, exagerado, incluso caricaturizado? ¿Tenemos culpa los andaluces de que un gobierno central en algún momento de la historia quisiese que el flamenco fuera una de las señas de identidad de este extraño país llamado España? ¿Por qué se piensa que los toros y la copla son señas andaluzas cuando es algo nacional?

El flamenco es patrimonio de todos, pero sobre todo de Andalucía y es a nosotros, los andaluces, a los que nos corresponde cuidarlo y promocionarlo. Pero la copla, los toros... no, eso no es patrimonio exclusivo de Andalucía. Cualquiera que lea a Cossío o coja una antología de la copla, verá que estas manifestaciones culturales atañen a toda la península ibérica.


Es algo muy humano la necesidad de pertenencia a una comunidad, de sentir unas señas de identidad propias, de tener raíces y defenderlas. Pero tenemos que aprender a tener cuidado de no ofender al otro.


Cierro esta entrada con unas palabras de Blas Infante:

"Mi nacionalismo, como he dicho, no consiente, al contrario, estima grotesca la alabanza de un pueblo a sí mismo tanto como la propia alabanza individual. Mi patriotismo sigue otros derroteros; antes que andaluz es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza no circunscribe un recuerdo para el nacido sino que complementa,

discierne a los soldados de la vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la causa del espíritu , en Andalucía, porque en ella vine a nacer; si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta causa con igual fervor"

domingo 12 de abril de 2009

Parques

Todas las ciudades tienen sus parques, un lugar consagrado a la tranquilidad donde ir deprisa debería estar multado.

Parques donde la vida para y las palabras, los gestos cómplices, inundan los rincones. En todos los parques del mundo hay unos padres con sus hijos que hablan entre ellos de temas demasiados frivolos mientras los niños se dedican a jugar con meigas, faunos, hadas y duendes que les van enseñando los secretos ocultos del verdadero mundo que quedará oculto a sus ojos apenas vayan entrando en la edad adulta.

También hay artistas en los parques. Plantas sin raíces que vagan robando al viento colores y sonidos, palabras y formas.

Hay gente que pasea con el corazón roto, arrastrando una historia de amor oculta, una guerra interna, cien batallas perdidas.

Están los que caminan con las manos en los bolsillos, los hombros encogidos y la mirada cristalina, con el alma abierta de par en par, como cortada por un machete cruel de la vida, dispuestos a emocionarse y dejarse sorprender con el constante suceder de las pequeñas grandes cosas del mundo.

Por todos los parques del mundo merodeo yo, buscando un mimo, clown, un sueño, una mirada azul que diez años atrás me cautivó.

martes 7 de abril de 2009

Y de repente cayó el telón

Esto es lo que queda de ti cuando un día de repente cae el telón.
Nada.
Una máscara hueca que no sirve ni para el disfraz más cutre de carnaval. Te quedas mirándola, intentando recordar cuando te la pusiste por primera vez. Cuando, dónde y con quién fue ese día.
Pero a veces esa máscara te pesa y no sabes cómo continuar llevándola. Te la quieres quitar pero ya es tarde porque a tu alrededor se han acostumbrado a ella, a su sonrisa, a su aparente seguridad. Incluso hay quien haya acariciado y besado esa máscara.
Al fin una noche te la quitas.
Dime, ¿qué ves? ¿qué queda de ti bajo esa sombra? ¿qué sientes cuando ante el espejo, miras tu cuerpo desnudo de ropas y maquillajes, tan sólo cubierto por tus estigmas, tus complejos, tus miedos, tus secretos y tus sombras? Siguen ahí. A pesar de la máscara siguen ahí. Doliéndote, haciendo que sigas agachando la mirada. Eres tú. La careta te ha protegido de las miradas del mundo pero no de la tuya. Puedes engañar a los demás pero no a tí misma.
Volverás a ponerte la máscara. Volverás a ocultarte entre reflejos de risas, frialdad e indiferencia. Volverás a ser ese alguien que se parece mucho a ti sin llegar a ser tú.
Volverás a soñar con romper todos los hilos que te atan y poder mirar al sol, por fin, a cara descubierta.